diumenge, de juny 13, 2010

Horror vacui

Va córrer desesperada tot el passadís llarg i es va abraçar fort al seu cos per no acabar escolant-se pel forat on ell pixava.

dissabte, de juny 05, 2010


Miró a sus padres y les escupió en la cara. Salió de casa sin ducharse; las babas secas en la comisura. Dobló la calle y se metió dentro del cubo de basura orgánica a no esperar a Godot.

dimarts, de maig 25, 2010

Todo

*Por Luchino Sívori

Parte II
“En una palabra, mi obra es digresiva, y también progresiva, y es ambas cosas a la vez.”
Laurence Sterne, Tristram Shandy (1760)


Pretender averiguar el por qué de lo pasado es prácticamente una pérdida de tiempo para muchos. No se piensa ni se cree que las cosas del pasado explicadas puedan llegar a modificar el rumbo de las decisiones del presente. En general el pasado recobrado se limita a esferas más
bien artísticas, creativas, de uso y para goce de gente minoritaria y poco común. Los resultados, como puede comprobarse, no son tan relevantes como los motivos mismos de la recuperación.
A pesar de ello, leer estas líneas del tiempo puede a veces desenmascarar zonas que, sin estas búsquedas, permanecerían ancladas en sus escondites. Hablo de las historias que cuentan aquellas desviaciones y omisiones, de los agujeros negros de nuestras biografías, del olvido. Todas ellas pueden estar traduciendo, reinterpretables como son, personalidades propias que siguen estando presentes; aunque, eso sí, algo desvirtuadas por el paso indefectible del tiempo.

2.
La familia quedó en cuatro sin contar a mi Baba. La abuela siempre fue un familiar que entró y salió del grupo familiar por cuestiones de geografía urbana y humana. Vivió con nosotros por muchos años en la casa del fondo y desde allí el olor a sopa matinal denotaba su presencia; su sopa y sus caminatas apresuradas por el pasillo desde la que se veía, nunca estuve seguro, su sombra o la mía. Pasaba con velocidad mientras yo la observaba sin ser observado y sabía que a veces giraba su cabeza disimuladamente para que ver qué hacía, especie de juego inconsciente para el resto pero consciente para ambos, suerte de vigilancia rigurosa de familiares distanciados por el tiempo y la edad pero unidos por una geografía que más que sopesar inconvenientes los estimulaba, incrementándolos hasta el punto de que la privacidad y la intimidad de los miembros de la casa se mezclaba con los sonidos que venían del otro lado de la pared, o por esos espacios entreabiertos de las ventanas mal cerradas por donde una voz demasiada alta se colaba para no dejarte dormir, leer, o simplemente estar.
Anclada en su casita del fondo funcionaba como una especie de Sabio de la antigüedad. Allí iba cuando no encontraba respuestas; incluso –puedo recordar ahora mientras escribo y me vuelvo
consciente– iba allí a buscar las preguntas; incógnitas y acertijos que me incitaban a buscar(me), perfilando mi personalidad finalmente con respuestas siempre cambiantes, nunca eternas.
Pero hay algo más curioso aún que esas charlas de oráculo-discípulo versión infantil: el sonido de la presencia que tenía la Baba.
Pasaba y el sonido de chanclas arrastrándose por el piso hace que ahora, aquí en Barcelona, no pueda verme capacitado para describir. Intentémoslo:
. Sequedad mezclada con tierra seca del jardín, posiblemente con arena o piedras de tamaño muy pequeño.
. Sequedad de suciedad rejuntada en la base de la chancla, quizás con pelos de Murka –el gato- mezclados con pasto del jardín del fondo.
. Sequedad, a secas.
Todos estos sonidos no esclarecidos más otros son los que la formaron hoy a la Baba para poder ser descrita en estas hojas: las chanclas indescriptibles, las cucharas golpeando la cacerola de la
sopa –y el olor de la sopa indisociable al ruido– , los comentarios marxistas-leninistas que, por mi edad y mi capacidad mental, eran imposibles de traducir (solía decirme que “tenía que capitalizar
mi tiempo”), el modo de decir hola cuando atendía el teléfono como si fuera la primera vez en años que no te hablaba, etc.
Y es aquí donde haré un inciso rotundo y poco sistemático, pero necesario. Si mi intención es dotarle de forma a este personaje vital en mi vida es obligatorio que asuma la responsabilidad de
contar sus orígenes. Siendo mi objetivo el de esclarecer los baches de la Historia no puedo más que recurrir a la misma Historia –personal y ajena– para llegar a una “foto” más cercana de la
realidad. Para ello recurriré a un cassette del 2004 grabado por la misma Baba y mis traducciones escritas y mentales. Allí va:

BABA
Nacida en ……… ,
Ucrania. Hija de una familia de clase media de campo, con gallinas y pollos y unos padres muy trabajadores, mi abuela –Catja– vivió sus primeros trece años en medio de un ambiente en el que no faltaba nada: tenía amigos, familia, y gallinas. Su pueblo, …………, era pequeño y tranquilo, a pesar de que los problemas de lengua –hablaban ucraniano pero debían aprender el ruso, porque la URSS los había tomado bajo su imperio y ellos, gran país de tamaño pero pequeño en fuerza, se habían sometido a las órdenes de la potencia comunista– y algunos culturales hicieron
replantearse el exilio a muchos de ellos. En 1939, año en que Alemania – me pregunto qué visión de Hitler habrá tenido mi abuela, con apenas 13 años y en un pueblo que se veía amenazado por
un tipo con bigotes que gritaba, en un idioma imposible, a miles de soldados que ella, Catja, no quería porque la veían inferior y posiblemente susceptible de ser esclava por razones de raza y
esas cosas; tampoco quería a los otros soldados que luego ganaron la guerra pero perdieron otra, que no eran muy lejanos pero sí menos extraños, cuyas artes y casas su país copiaba y cuyos
héroes, décadas posteriores, se convertirían en asesinos no muy distintos ni mucho más guapos que aquél tipo con bigotes– decía, entonces, 1939, año en que Alemania y el Imperio Germánico
invadieron, rompiendo el pacto soviético-francés-alemán, un país reinventado llamado Polonia, donde años antes había vivido una persona que sería la más importante para Catja: mi abuelo.
El viaje fue largo y tuvieron que salir desde Londres. El destino, que iba a tomar unos treinta días en barco, era un país americano, cuyo nombre y fama en aquellos años eran sinónimo de dinero y
oportunidad, chance y futuro. Por supuesto que Catja no sabía nada de aquel país, más que unas simples oraciones en cartas enviadas por su padre …….., quien había viajado allí unos años
antes, quizás visionario de un ataque inminente o por pura visión comercial especulativa. Argentina – decía mi abuela muchos años después, mientras preparaba mate como una auténtica gaucha pampeana¬ – era el país de moda: estaban EEUU y Canadá, también, pero mi papá se decidió por este país y allí tuvimos que ir yo y mi mamá, que nunca aprendió la lengua y cuidó de nosotros lo mejor que pudo. Así que ahí estaba mi Baba, con su hermana y su madre y su padre, todos menos su hermano que –por ser el hijo varón– se tuvo que quedar cuidando de la casa, hasta que un día los alemanes cruzaron la frontera y su vida se enfrió debajo de la nieve eslava, seguramente imaginándose a su familia en un país lejano como último recuerdo, el último de unos pocos, porque solo había podido ver la vida 17 años. El padre de mi abuela no supo
de su muerte hasta pasados unos años; su familia había decidido no contarle nada, porque la decisión de dejar a un niño solo en un país invadido había sido suya. Cuando se enteró, su dolor fue tan grande que perdió una mano luego de una caída feroz mientras trabajaba. La familia se vio obligada a trabajar para mantenerse: mi abuela limpió la casa de una familia alemana judía y su hermana la ayudaba, mientras que su madre –siempre ucraniana y siempre triste– se quedó sola y enfermó cuando su marido, en un ataque de odio hacia el mundo y el destino, decidió quitarse la vida ahorcándose en un parque público. Las tres mujeres se quedaron solas, en Buenos Aires, y en esa ciudad sudamericana, siempre tan castigada como la vida de tantos inmigrantes que la formaron como mi abuela, la Baba se hizo lo que hoy es para mi algo imposible de escribir, como sus fugaces caminatas por el pasillo de la casa del fondo o el olor a sopa por la mañana.

dimarts, de maig 18, 2010

Rebenta de festa ara, rei meu.

Que quan pari la música i apareguin la solitud i la mort, només et quedarà l'oblit per mirar-li l'escot.

dissabte, de maig 08, 2010

Wendla

I en acabar, un nen li va dir: se t'han vist les calces, i a partir d'aquell dia, quan la mare li posava faldilles ella només jugava a fer sorra fina.

dissabte, de maig 01, 2010

Atrapados

Cuando más lo necesitas,
a cualquier hora,
para que tus piernas recuperen
todo su esplendor.

Regálate este masaje
perfecto que te dejará
con una sensación total
de descanso.

La caducidad es la indicada y
no se ampliará bajo ningún concepto.

dissabte, d’abril 24, 2010

Avui sóc una groupie més. Però jo no m'imagino els fills que li faria, jo sé tot el que li vaig fer. Mentre ell canta rimes inocents jo revisc com ens magrejàvem estirats a la gespa dels parcs i com arrugava la boca quan s'enfadava. Jo no cal que li llenci les calces que ell ja em va treure.
A cada cançó m'espanta més la proximitat entre el record i la imaginació.

dilluns, d’abril 05, 2010

diguem-ne post històric

"Imaginemos una historia del arte invertida, que comience en Picasso y Matisse, atraviese el impresionismo y el Barroco, entre en decadencia con Giotto y llegue a su culminación con la versión original del Apolo Belvedere, más allá del cual es imposible imaginar un avance. En rigor, las obras en cuestión podrían haber sido producidas en ese orden. Pero no tendrían ni el sentido ni la estructura que percibimos en ellas bajo la presente cronología. Picasso, por citar sólo un ejemplo, remite una y otra vez a la historia del arte que deconstruye sistemáticamente, y por tanto presupone esas obras del pasado."


Danto reclama un canvi en el centre gravitatori de la història de l'art. Si fins a finals del s XIX l'epicentre era la representabilitat en termes mimètics, amb la perfecció que s'assoleix mitjançant la tècnica amb l'arribada del cinema, l'expressivitat es reivindica com a centralitat. D'aquesta manera s'esborren, en part, les línies cronològiques i la història de l'art es converteix en la història de les successives vides dels artistes.

dissabte, de març 27, 2010

TODO

Robat de la revista Mil Veus

TODO, por Luchino Sívori

En una página en blanco quise poner todo. El nacimiento, la infancia, el ahora. Salto del hospital Israelita del barrio de Once de mi provincia, Buenos Aires, a esta habitación de paredes blancas en la ciudad de Terrassa, Barcelona. Hago el salto y pretendo escribirlo; incluso quiero escribir ese salto, y el blanco que hubiese sido. No es original mi proyecto: Proust lo practicó con su obra más famosa, e incluso Sterne siglos antes. En ambos los escritores quieren ser Dios, o por lo menos ver el Aleph, como lo llamaba Borges.
Los tres quisieron verlo todo, y no dejar espacio a la Nada.
La escritura pretende eso a veces: el Todo pasarlo a papel. Por eso quiero ponerlo todo en estas hojas. Aquello que viví y lo que no viví; lo que se me escapó y lo que retuve. Aquello que nunca se me pasó por la cabeza y estas hojas crean no alcanzar…como dije antes: Todo.
PRIMERA PARTE
Todo comenzó con Proust. Me acuerdo cuando lo leí por primera vez en mi habitación, acostado y con la almohada doblada detrás de mi cabeza. Las primeras páginas me abrieron los ojos a un mundo del que no saldría jamás: el mío. Los detalles de sus descripciones, su tono elegante, las atmósferas; todos los personajes eran una cosa en una página y otra en la siguiente. Todos los ambientes cambiaban en sólo unas oraciones, al igual que sus ánimos, que nunca se repetían. Su escritura era diferente al resto; no necesitaba provocar silencios al estilo de Dickinson para decirnos aquello que no se podía decir. No usaba la ironía de Sterne, suerte de burla y deseo al mismo tiempo. Tampoco hacía metaliteratura, como Borges, que atravesaba la Historia y se reía de su ficción. Proust, en pleno siglo XX, mientras Europa se desangraba en los
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campos de batalla, decidía volver al viejo sueño de la totalidad: contarse a sí mismo. Y contarlo todo.
Marcel Proust no quiso vaciar su vida para darle más orden, y, posteriormente, sentido. Al contrario, el escritor fue a buscar todas las palabras del léxico para decirlas en su texto. Buscó recuerdos, y con ellos olores, imágenes, sentidos. Buscó las comas y los paréntesis y los guiones que pudiesen traducir su realidad, la única que todos conocemos, la nuestra. En lugar de buscar significados que simbolizaran su pasado su deseo era recuperarlo tal cual era: no pretendía la representación, quería presentar (se). Deseaba volver allí, instalarse de nuevo en esos jardines y caminos de Combray, en esas charlas y almuerzos en casa de su tía cuando el invitado preferido, Swann, los visitaba tocando la campana de la puerta de entrada.
Yo estoy aquí escribiendo y como dijo alguna vez Barthes "intentando parar el tiempo". Como En busca del tiempo perdido, quiero con este escrito pararlo todo y quedarme en pausa. Así podré traducir, y quizás algún día repetir, aquel tiempo olvidado, ya muy anclado en el pasado.
SEGUNDA
Cualquier libro es una lectura. O mejor dicho, cualquier lectura es un libro. Cuando dejamos un libro a medias estamos haciendo una semi interrupción: en realidad, nunca se para de leer. El libro pudo haberse quedado en la mesa de luz, pero nuestro cuerpo sigue leyendo y viviendo sus textos.
1.
Cuando nací mi nariz se pegó al vidrio de la incubadora que me sostenía, haciendo en cada exhalación una pequeña áurea empañada. Dicen que mi nariz quedó así, para arriba, mirando al cielo, porque el vidrio de la cuna, mi posición y cierta ayuda genética predispusieron tal formación. Personalmente no creo que fuera así, pero no puedo negar –hoy, aquí, en Barcelona, mucho años después y con algo de experiencia acumulada- que durante muchos años me convencí del hecho (llegué a odiar a esa incubadora, fruto de miles y miles de bromas de mis compañeros durante años: en la escuela, en el barrio y hasta con los familiares). Es notable como uno busca el origen de los males; si hubiese sabido que la naturaleza –y la genética- habían predestinado tal situación seguramente las cosas hubiesen sido menos pesadas, más naturales. Pero como el origen propuesto por la familia había sido una supuesta incubadora y una mala posición adoptada por mi cuerpo los matices cambiaron, y todo se volvió más cruel, menos normal. A veces pienso: cuando tomamos las cosas de un modo más natural (aquí el destino y la genética, pero también pueden incluirse factores del ambiente, corporales, sexuales, y hasta por qué no culturales) los conflictos se vuelven menos violentos, y se aceptan más. Si, en cambio, asumimos el problema desde la manipulación o el accidente –episodio que pudo haberse evitado o, por lo menos, modificado o intervenido- los procesos posteriores son mucho más terribles, el arrepentimiento es enorme, la bronca acumulada más intensa. Por ello la nariz fue traumática al principio –accidente de la postura e incubadora maldita- y mucho más light después, donde la naturaleza la justificó y argumentó, de alguna manera.
Mis padres me esperaban en la salita: mi madre menos emocionada por las drogas que habían metido en su cuerpo (nací por cesárea) que mi padre, que ya sabía que era el segundo y por ende acostumbrado al efecto de recibir de una enfermera sonriente un bebé que lloraba y gritaba a pesar de que sus pelos rubios y ojos achinados –que le iban a quedar ya por siempre- denotaran más a un ángel de un cuadro renacentista que a un recién nacido. Seguramente su predisposición fue diferente a la primera vez, con mi hermano; la costumbre que dan las segundas veces hacen que la magia de la primera (la inexperiencia, el rubor de lo extraño, los nervios, el desconocimiento) suprima los efectos de los actos posteriores, como cuando uno ve una película por segunda vez y ya sabe cómo terminara la escena, él besándola a ella y el malo muriendo en el último minuto, o ambos reencontrándose gracias a la magia del cine. En la realidad sucede lo mismo: el primer bebé se lleva el óscar, no el segundo. En el primero los gritos asustan, los nervios de la enfermera becaria contaminan el ambiente, la simpatía del doctor contagia el carácter; en el segundo o tercer parto los padres ya son profesionales del origen humano: ya no hay noticia que los asuste –salvo aquellas dramáticas o mortales- ni manipule sus sentimientos; el bebé es bienvenido como proceso natural, no bajo el manto de la magia del primero, que ya se ha robado todo el protagonismo y a partir de allí formará parte de la eterna comparación con los segundos y terceros (en la antigüedad en Europa los segundones recibían muy poco de la herencia, generalmente se dedicaban a buscarse la vida mientras los primerizos, seres con suerte si las hay, recibían casi un tercio de la herencia familiar o, si no eras de la clase noble, tierras o casas o granjas).
En la salita estaban mi hermano, mi padre y mi madre, obviamente. Según la historia familiar –todo el mundo tiene una, aunque sea inventada o parcialmente ficticia- mi hermano dijo "qué hermoso es", y mi padre lloró. Mi madre no se enteró de nada, estaba bajo las drogas del parto y la historia familiar no se ocupó de desmentirla; podría haberlo hecho, ya que la escena hubiese sido más dulce y simpática, y el tono se hubiese mantenido después del llanto de mi padre, las palabras de mi hermano y, pongamos, un abrazo de mi madre con todos, o la irrupción de mi abuela cantando una canción de cuna y todos abrazados, o un comentario del doctor que hubiese dejado a todos emocionados. Pero no. Mi madre no se enteró de nada y la escena terminó así, seca y sin emotividad. Como la vida misma.
Ninguno de los dos se moriría sin el otro.
Supongo que no. Y entonces por qué estamos juntos?
No sé. Apagaste la luz del baño?
Sí.
Y el gas?
No, ya sabes que duermo mejor con el gas encendido. Sí.
Sí qué?
Que sí desconecté el ruter.
Ah. Y te lavaste los dientes? Pusiste la alarma?
Sí, sí, sí!
No, no te pases de la mitad de la cama. Le diste un beso al mono?
mua.
Buenas noches.
Buenas noches.
No, no me abraces, para allá.

divendres, de març 19, 2010


En una societat on no cal lligar la bicicleta, els instints bàsics s'atrofien fins al suïcidi.

dissabte, de febrer 20, 2010

"Te ha sobrado alguna cosa?" Li pregunta la nena a la dependenta amb la mirada fixa a la vitrina.
La dependenta, que xerra amb una amiga a la porta, talla la conversa i es mira la nena. Pensa que no, però li diu que sí, que passi. Mentre li posa una safata de fideus en una bossa la nena li etziba: "Ella también viene a pedir?" "No, es una amiga mía", i aquella pregunta la recordarà per sempre, però fa que se n'oblida i li demana: "Et poso palillos?" La nena se la mira estranya i li diu:"Però no els sé fer servir" La noia li ensenya i li assegura que és fàcil tot i que ella mateixa no els sap utilitzar bé. La nena riu i surt per la porta amb el seu abric de dona i la seva trena llarga pendolant.

divendres, de febrer 12, 2010

sense calces

Podia quedar-se veient Camino o sortir de carnaval; podia acabar la nit plorant sola a l'habitació glaçada o drogada en qualsevol punt de la ciutat sense notar el fred.
L'elecció era fàcil i la trucada cantada:
- Anem-hi, però ens hem de disfressar d'aperitiu
- ...d'aperitiu? mmmm....
- Crec que no em posaré calces...

dimarts, de gener 19, 2010

Corre! de pressa!
No veus que ets dins la boca
del senyor cactus?

dissabte, de gener 16, 2010


Avui he vist un cos dels d'Egon Schiele corrents per casa: les mateixes tibantors dels ossos inventant-se colors i creant tensions amb la pell. Aquests són els cossos que fan venir ganes d'abraçar. L'erotisme no es troba al gimnàs, allà tots estan "enterrats en taüt al fons d'un arròs amb peix".

dimarts, de gener 12, 2010

subidón

Avui hagués plorat al teu costat. La bomba de plaer sempre és massa petita i s'acaba de seguida. Continuo cantant Youkalis fins que em tapis la boca o el plor m'ofegui. Glug, glug, glug...

divendres, de gener 08, 2010

El periodismo, siendo literatura, se dirige al hombre inmediato y al día que pasa. Tiene la fuerza directa de las artes inferiores pero humanas, como el canto y la danza; tiene la fuerza ambiental de las arts visuales; tiene la fuerza mental de la literatura, porque es de hecho literatura. Como, sin embargo, su fin no es otro que el de ser literatura en el día, o en pocos días o, cuando mucho, en una breve época o corta generación, vive perfectamente conforme a sus fines.
[...]
La religión y el periodismo son las únicas fuerzas verdaderas. Cuando se dice que el periodismo es un sacerdocio, se dice bien, pero el sentido no es el que se atribuye a la frase. El periodismo es un sacerdocio porque tiene la influencia religiosa de un sacerote, no es un sacerdocio en el sentido moral pues no lo hay, ni puede haber, moral en el periodismo que sirve al momento que pasa, en el cual ni cabe, ni puede caber, moralidad.

F. Pessoa, Sobre literatura y arte.

diumenge, de gener 03, 2010

Finestra

Aquest nen tan mono,
-sí, el de l'abric rosa-,
et fotrà pilotada al cap.
Només si els cotxes paren,
sentiràs les campanades.
Per fi sabràs el preu
de la bossa a l'aparador i,
traçaràs, peu rere peu,
la teva direcció.
Però no veuràs com sobresurt el campanar
per sobre les teulades,
ni sabràs que, al teu darrera,
n'hi ha dos que es tenen la mà,
i oblida't de seguir el rumb
de tots els qui t'has creuat
i ja no recordes.

Si baixes al carrer,
res serà com ho veus ara.

dijous, de desembre 31, 2009

El sol de la tarde

Esta habitación, qué bien la conozco.
Han alquilado ahora este cuarto y el de al lado
para oficinas. Toda la casa ha sido
devorada por oficinas, y comercios, y Compañías.

Oh qué familiar es esta habitación.

Una vez aquí junto a la puerta hubo un sofá,
y delante de él una pequeña alfombra turca:
y luego el anaquel con dos floreros amarillos.

Y a la derecha; no, frente a ellos, un armario de espejo.
Y aquí, en el centro, la mesa donde él se sentaba a escribir;
y alrededor de ella las tres sillas de mimbre.
Y junto a la ventana el lecho
en que tan a menudo nos amábamos.

Aquellos muebles deben andar por alguna parte.

Y junto a la ventana el lecho;
el sol de la tarde llegaba hasta el centro de la cama.

...A las cuatro de la tarde nos separamos,
por una semana solamente... Jamás
pensé que duraría para siempre.

Konstantino Kavafis (1919)

dissabte, de desembre 12, 2009

els amics de les arts

Podrian ser los nuevos amigos de Núria, o los entrevistados del lunes en Ánima... o el enésimo grup catalán del que te vas a reír.